A la mañana siguiente quedé con James en el bar de nuestra amiga Teddy a las nueve de la mañana, el lugar idóneo para entablar una conversación, e incluso una entrevista de trabajo, pues era un bar tranquilo pero a la vez alegre, resultaba agradable la estancia. Tras exponer cada uno lo que había encontrado, que fue más o menos lo mismo, decidimos no perder el tiempo y partir hacia la localidad donde se encontraba aquella pequeña finca esa misma mañana. Cogimos el tren de las doce y en nada ya nos veíamos enfrente de las puertas de entrada de aquella finca. James y yo nos quedamos boquiabiertos al ver ya solo la imagen que teníamos delante de nuestras narices. Al juzgar por las plantas, allí hacía muchísimo tiempo que no penetraba ningún rayo de luz, estaban completamente secas y muertas. James me miró y le devolví la mirada con un “vamos”, seguido de un paso adelante mío. Para nuestra sorpresa la puerta resultó estar cerrada. Después de escanearla de arriba abajo y de un...
Mi estado de ansiedad me dificultaba ya la movilidad, quería estar con James, volver atrás en el tiempo y que nada de esto hubiera pasado, quería volver a ver la luz… Mi vida por unos segundos. Escuché entonces algo, una voz, y tras concentrarme bien para entender lo que decía (estaba algo aturdida del impacto), comprendí que se trataba de una voz infantil muy segura de sí misma que repetía una y otra vez: “Es tu hora”. Mis nervios fueron a más. Nuevamente me levanté en busca de alguna salida. Y nada. Ya no sentía los nudillos. “Lo intenté” me dije a modo de satisfacción. La niña seguía repitiendo aquellas palabras, pero no la conseguía ver. Tampoco notaba que esa voz se moviese, es decir, estuviese donde estuviese aquella niña, no se movía. Tras darme cuenta de eso y estar unos minutos así, dejé soltar un gran suspiro, de estos en los que notas que el peligro ya pasó, pero que debías de seguir estando alerta. Me moví unos centímetros a la derecha, con cuidado y procurando hacer e...
Creo que nunca había visto a dos personas mirarse así. Sí, estaba en el autobús un día de verano y me llamó especialmente la atención una parejita de jóvenes que se sentaba una fila más adelante que la mía. En la tanda de filas de enfrente. Se reían, escuchaban música juntos (literalmente, porque usaban unos únicos cascos para los dos), se hacían de rabiar picándose el uno con el otro, hasta que alguno de los dos ponía cara de "vale, pues muy bien". Era gracioso, porque se les iba la tontería con solo mirarse, porque acababan riéndose (débiles). También se acomodaban en los asientos del autobús como un puzzle que encajaba a la perfección. A veces dormían, otro rato miraban vídeos graciosos. O incluso se ponían a observar a su alrededor sacando conclusiones de todo: aprendían juntos. Luego de vez en cuando les veía leer noticias y comentarlas críticamente. Hacían debates interesantes (todo hay que decirlo). Sin duda eran envidiables. Ojalá yo algún día. Bueno, finalmente ll...
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